22 may. 2015

Cuando la propaganda estalla ante el periodista

En estos momentos de gran trascendencia para nuestro país como son estas elecciones municipales y autonómicas, es la mejor ocasión para preguntarse si el periodismo que se está haciendo se parece cada vez más a la propaganda y menos a su único fin: informar.

Hace tiempo la periodista Magis Iglesias se preguntaba si el seguimiento de los mítines diarios tiene sentido desde el punto de vista informativo. Se ha instalado ya en la "tradición" electoral española el subirse al autobús de campaña y desde ahí ir lanzando las frases del día como si fueran hechos noticiables, sin darnos cuenta, muchas veces, que son puros eslóganes que el partido de turno quiere fijar. 

Tenemos que hacernos mirar esta situación. Pero no sólo por parte de los profesionales, sino por las empresas que, al fin y a la postre, pagan las dietas del periodista de turno. No quiero entrar en debates absurdos de quién es la culpa..., sino de analizar y resolver en dónde se encuentra la dependencia mutua que tienen las campañas electorales en esa simbiosis de periodista-político. Los políticos necesitan de los periodistas para llegar a sus votantes potenciales, y los periodistas necesitan de los políticos para satisfacer la demanda del público-receptor de información.

Pero algo puede romper esa relación. En un análisis a vuela pluma, que dirían los castizos, la presente campaña electoral que toca a su fin, nos ha dejado un hecho noticiable y, por ello, de interrogación acerca del papel de los periodistas y su deber de buscar una información fiable y de primera mano. La noticia sobre la candidata del PP a la alcaldía de Madrid, Esperanza Aguirre, y su "descubierta" declaración de la renta en la que figura unos emolumentos de 369.000 euros de la firma "Seeliger&Conde" para el año 2013, posiciona a los periodistas como garantes de la verdad y la claridad que toda campaña debe tener. 

Ella que ha prometido transparencia como antídoto a los casos de corrupción que han invadido Madrid, ha reaccionado airadamente contra esa transparencia de facto que ha supuesto su publicación. Pero ahí estaban los periodistas de campaña para recoger "in situ" el "malestar" reflejado en el rostro y las palabras de Esperanza Aguirre: "al que le pique, pues eso, que se rasque", cuando anunció que iba a presentar una solicitud de investigación a la Fiscalía General del Estado para ver quién había filtrado esos datos...

La primera impresión es que se ha roto esa simbiosis idílica periodista-político. La "hemeroteca" ha estallado ante el rostro de la candidata...y así se lo han hecho saber. Los informadores que están siguiendo la campaña de Aguirre han encontrado la válvula de escape por la que presentar a la candidata sus alegatos por la transparencia y el buen gobierno.

¿Quién ha sido el beneficiado de esta situación informativa?: Esperanza Aguirre que en esta recta final de campaña ha tenido la repercusión mediática más fuerte de todos los candidatos españoles, o han sido los periodistas que con esta noticia rompen el vínculo afectivo que toda campaña electoral arrastra.

Una cosa está clara: la noticia bomba no ha salido de un acto de campaña, ni de un mitin, ni de un eslogan, ni de una entrevista, ni de unas declaraciones, ni de un debate, ni de una frase fuera de contexto. Ha llegado de una filtración, y los periodistas de campaña estaban en el momento preciso para recoger con su presencia el agrio rostro de quien se siente molesta y ofendida por una información periodística. 

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