18 abr. 2013

Diálogo de sordos en el Congreso de los Diputados

Que Congreso y ciudadanía están cada vez más alejados no resulta, a estas alturas, escandaloso, debido a la descoordinación existente entre lo que es actualidad para el ciudadano y lo que dicen los diputados dentro del hemiciclo.

Cada vez más el funcionamiento del Parlamento deja mucho que desear, y todos los grupos son conscientes de que hay que cambiar la fórmula pregunta-respuesta que se está dando actualmente. La transparencia, pues, de la gran Casa de la ciudadania deja mucho que desear. Hay que llegar al estadio en que se puedan hacer preguntas sobre asuntos recientes, que el Parlamento gane en eficacia y que el Ejecutivo tenga que rendir cuentas de su gestión en la Cámra de Representantes.

Rendir cuentas, esa es la cuestión a resolver. El plazo que tiene el Gobierno para responder a las preguntas de los diputados es de cinco días, lo que provoca, en muchas ocasiones, que la actualidad choque con la interrogante, y no digamos la respuesta, que, para el Gobierno, son "fichas" preparadas por sus asesores durante los últimos cuatro días. Así, se pueden dar ejemplos gratificantes de auténtico diálogo de sordos como el sucedido el miércoles 18 de abril, donde Rosa Díaz de UPyD presentó, el pasado viernes, en el registro del Congreso una pregunta sobre transparencia y el miércoles incluyó sobre la marcha una referencia a la "reunión secreta" entre Rajoy y el lehendakari Urkullu en La Moncloa.

El resultado fué demoledor: el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, contestó lo que tenía ya escrito, es decir, todo un alarde de eficacia sobre la ley de transparencia  presentándola como "la más avanzada de Europa"... la cara de Rosa Díez y demás parlamentarios fué de una media sonrisa y un leve balanceo de la cabeza, negando así la mayor. No puede darse mejor situación de distanciamiento. Para corregirlo nada mejor que aplicar el modelos británico dónde las preguntas al Gobierno se registran en horas previas y no con cinco días de anticipación como está sucediendo ahora.

Nuestros diputados se juegan mucho, y la calle es un hervidero de indignados por la contradicción entre lo que sucede realmente y lo que nuestros políticos debaten en el Hemiciclo. Cambiar, que los tiempos están para ello.



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