6 mar. 2008

La Ley D’Hont y la estabilidad política

Es conocido que el método de contabilización electoral, la famosa Ley D’Hont prima a los partidos más fuertes, y todo por que el Gobierno de 1976 planteó una ley que permitiera un Parlamento con pocos partidos políticos a escala nacional.

Pero hay que anotar que no sólo se aplica este mecanismo, también existe un añadido que para entrar en el recuento de escaños en el Congreso es indispensable conseguir por lo menos el 3% de los votos emitidos en cada provincia, lo cual, como comprenderán, descarta a esos pequeños partidos que son meramente testimoniales.

Es de comprender que el propósito de Adolfo Suárez, en aquel tiempo presidente del Gobierno, era disponer de unas Cortes con el mínimo de partidos posible a escala nacional, y conseguir cuanto menos una estabilidad política que no se había dado en la Segunda República que era, en aquel tiempo, el referente que tenían los españoles de una democracia y donde había una representación proporcional más intensa.

El sistema, pues, funcionó, e incluso fue más allá al dar garantías de representación a los partidos nacionalistas, en especial a los históricos PNV y Convergencia de Catalunya, grupos políticos muy arraigados entre la población vasca y catalana.

Según está ahora la sociedad española ¿sería bueno cambiar el sistema electoral y pasar a uno más proporcional? Izquierda Unida es uno de los partidos que está pidiendo ese cambio, sencillamente porque está en una situación precaria y con riesgo de no alcanzar siquiera grupo parlamentario. Incluso el propio Partido Popular también ha llevado el tema a su programa electoral. Pero si tomamos el ejemplo de Italia podemos comprobar esa inestabilidad que ya Suárez predijo: uno o dos pequeños partidos pueden disolver las Cortes, tumbar un Gobierno y llevar al país a unas nuevas elecciones generales.

El sistema D’Hont puede ser criticable, y muchos aún no se explican cómo es posible que partidos territorialistas -Ezquerra de Cataluña ERC, por ejemplo- puedan tener su grupo parlamentario propio. Pero lo que nadie puede discutir es que el sistema actual evita que haya un gran número de partidos políticos que puedan tumbar un gobierno y crear inestabilidades políticas.

3 comentarios:

Arantxa dijo...

El sistema electoral español es complejo en este sentido, porque tenemos dos cámaras y, pese a ser una de ellas de representación territorial, lo cierto es que nadie se acuerda del Senado y muchas veces tampoco se sabe muy bien cuál es su "utilidad". Por eso, creo que cambiar el sistema electoral requeriría una reforma más amplia de todo el sistema. Pero, como para muchas otras cosas, parece que hay un cierto temor a tocar cosas que están escritas en la Constitución (¿para no abrir la caja de Pandora?)

Casimiro López dijo...

No te falta razón... el sistema electoral español es complejo, y el Senado, concretamente, se ha convertido en un reposo del guerrero, sin utilidad para nada. Se debería cambiar el sistema electoral, acabar con la Ley D'Hont e ir al partido con más votos...

Escríbeme a ernestogarrido [en] eresmas [punto] com dijo...

Más curioso que la regla de mínimos, es la de demarcaciones electorales. Por ejemplo, la representación del partido de Rosa Díez sería la misma que Esquerra Republicana de catalunya (sic, Ezquerra es en Euskadi)con demarcaión única. Y el PSOE y el PP obtendrían menos escaños. ¿Qué tal si además dejamos alguno vacío por los votos en blanco? ¿Y otros por las abstenciones? A los contribuyentes nos costaría menos el montaje.