2 ene. 2008

Yo fumo a escondidas

Cual preadolescente, aquí me tienen ustedes con un cigarrillo en los labios. Desde hace muchos años he cometido el error de escribir con un cigarrillo encendido, y no saben ustedes las dificultades que me atrapan cuando tengo que redactar en el ordenador un texto más o menos entendible en mi puesto de trabajo. Yo fumo a escondidas, lo confieso, pero más por fruto de la necesidad de inspiración que por el deseo de nicotina (aunque algo deberá tener esa sustancia para enganchar con tanta rapidez).

El País hoy me golpea en su portada con que 1,6 millones de españoles ya no fuman gracias a la ley antitabaco. Mejor publicidad institucional no ha podido encontrar el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo que es el encargado de haber contabilizado esos millones de españoles que han dejado el feo vicio de fumar.

Ahora bien, de esa información analizada en el periódico observo que el Comisionado para el Mercado de Tabacos había registrado a noviembre de 2007 unas ventas de 4.119 millones de unidades, frente a los 4.131 millones del año anterior. Unas cifras que, a mi modesto entender sólo significan que se compra menos tabaco, dado que se consume menos, pero no por que se haya dejado de fumar.

Es lo que yo digo: la gente fuma a escondidas –y yo el primero-. Algunos, estoy seguro, están por ahí afirmando que han dejado de fumar gracias a la ley antitabaco, lo que vulgarmente se llama: mentirosos. Los fumadores nos hemos convertido en aquellos preadolescentes que en el rincón del patio o en los servicios del colegio se fumaban dos cigarrillos con una velocidad endiablada.

No seré yo quien le quite el mérito a la Ley, que para eso se hizo: reducir el consumo o suprimir por completo el deseo de fumar. Pero para mí sólo han conseguido tener efectos la primera parte – que agradece mi bolsillo-, y poco más. Sigo teniendo necesidad de escribir y de fumar al mismo tiempo, lo siento señor Bernat Soria, ministro de Sanidad.

2 comentarios:

Ignacio Duelo dijo...

El tema de la RSE de las empresas tabacaleras es interesante. ¿Cómo hablar de buenas prácticas cuando uno se dedica a vender un producto que es malo para la salud de las personas? A priori, es un discurso incómodo, porque las tabacaleras no tienen buena imagen en lo que a cuidado del medio ambiente se refiere, y tienen poca credibilidad.

Casimiro López dijo...

Sobre el tema de la RSE se podría hablar largo y tendido... ¿por qué las empresas automovilísticas siguen fabricando coches que alcanzan los 200 km/h si está prohibido por ley y es delito el exceso de velocidad impuesto? ¿Los coches también matan, o es mejor decir que hay personas que conducen de forma temeraria, poniendo en peligro su vida y la de los demás (lo que se conoce por fumador y fumador pasivo)? ¿Por qué la boyeria en general también es mala para la salud de las personas, nuestros hijos, y sin embargo se anuncian con esloganes de salud, vitalidad, fuerza, bienestar?... La credibilidad de muchas empresas está fuera de sitio.