27 ene. 2008

Políticos y funcionarios, ¿separados o unidos?

El otro día oí en la radio la opinión de una mujer sobre los políticos y su particular modo de trabajar cuando acceden a la Administración Pública, La oyente proponía que se diera un cursillo específico de cómo funciona la Administración y qué es lo que se espera de la gestión de los políticos. La idea no es descabellada, y tiene su punto de lógica.

Tener una idea concreta de qué es la función pública sería de gran avance para la gestión administrativa y operatividad que se les pide a los políticos. Ahora bien, no parece posible categorizar de forma unívoca un puesto como político o administrativo-funcionarial atendiendo exclusivamente a la naturaleza de sus funciones. (Copiado del blog “Administraciones en red").

¿Se puede pues separar al político del funcionario? ¿Cuál es la función de unos y otros? ¿Debemos atenernos sólo en las funciones que realizan? Si fuera así ¿un jefe de negociado, grupo C con tres auxiliares a su cargo puede bien ser un político...?

Hay que tener claro que todos están metidos en el mismo barco, desde el auxiliar administrativo hasta el ministro. Las funciones de unos y otros están claramente definidas y para todos es la misma obligación: servir-gestionar la cosa pública con la mayor calidad, claridad y eficacia posible. Igual que sucede con la empresa privada, aunque para ésta la palabra claridad no entre en sus competencias.

¿Dónde se encuentra, pues, el punto de separación entre políticos y funcionarios? Puede ser el de la responsabilidad, es decir, ¿Ante quién deben responder unos y otros de su actividad? Parece que llegados a este punto nos encontramos con una posible concreción: los funcionarios son evaluados por los responsables políticos y sancionados según el reglamento interno de la Función Pública, y los gestores políticos ante el parlamento, tal y como se dicta en el articulo 108 de la Constitución Española: “El Gobierno responde solidariamente en su gestión política ante el Congreso de los Diputados”.

No hay que ver la relación funcionarios-políticos de enfrentamiento constante. Las ayudas que unos y otros se puedan prestar será siempre en beneficio de la gestión pública y por lo tanto de eficacia hacia la sociedad.

4 comentarios:

rosacobos dijo...

La última frase del post es "lo que debería ser" pero que, desgraciadamente, no corresponde con la realidad en algunas Administraciones públicas.

Y creo que tiene una explicación muy sencilla: cuando un político utiliza su poder para permitir el acceso a la función pública a las personas allegadas a su círculo personal, obviando los principios legales de mérito y capacidad, esa relación de cooperación político-funcionario no puede llegar a ser posible. Por tanto, cuando unos funcionarios se sienten discriminados y ven coartada su promoción profesional por su ideología política o por su afiliación sindical es casi imposible exigirles más de lo que realmente están obligados a hacer. Quiero decir, que no se puede esperar de ellos entrega en el trabajo, ilusión, iniciativas,...

O al menos, si existe la posibilidad de una estrecha colaboración, la única manera de que prospere es entre los funcionarios y políticos que coinciden en su afinidad política.

No es que esto ocurra en todas las Administraciones, porque parece que en la AGE el nivel de amiguismo y clientelismo es menor que, por ejemplo, en la Administración local, donde ayuntamientos y diputaciones se convierten en "pequeños cortijos".

Casimiro López dijo...

Llevas razón, y ése es el principal tema... los políticos aterrizan en las instituciones públicas sin tener en cuenta el potencial humano, laboral y profesional que ya existe. Los famosos "cargos de confianza" acaban siendo un coladero para el amigo de turno.
Los "pequeños cortijos" de la Administración local aumentan, si cabe, el desbarajuste que existe en el mundo de la función pública.

Alorza dijo...

"Las funciones de unos y otros están claramente definidas": eso es más un problema que una virtud. ¿Quién se ocupa de lo que no está escrito en ninguna monografía? La resistencia a los cambios es mayor cuando uno tiene un papel donde se le dice qué es lo que tiene que hacer y, por omisión lo que no tiene que hacer, que es todo lo demás.

Preferiría que hubiera una visión difusamente compartida, a la que todos fueran fieles, que una compartimentación estricta de funciones.

ocortes dijo...

Es una cuestión recurrente. Efectivamente hay un recelo grande que no debería existir porque están en el mismo barco. Se tiende a echar pestes de la clase política, pero más por utilizar lo público para sus intereses particulares o partidistas que como instrumento para servir a los ciudadanos. La política es necesaria para articular los diferentes puntos de vista y las necesidades sociales; y es totalmente legítima, puesto que "teóricamente" (otra cuestión es democracia representativa vs democracia directa) emana del pueblo. Es una pena que tenga tan mal cartel. Pero se lo ganan a pulso