Parar. Sencillamente, estarse quieto. Este blog se pone un freno. He decidido -pese a la desnudez en la que me voy a quedar-, no seguir escribiendo en los próximos días… No es un adiós, sino un hasta luego que puede servir como referente a una ausencia temporal. Ni huyo, ni me escondo. Debo parar. No hay miedo, simplemente prudencia.Un blog es para muchos –y he leído bastantes- una terapia funcional de cierto éxito. Un blog se alimenta de los análisis, pensamientos, reflexiones, ideas y opiniones que el cerebro lleva a cabo. Puede gustar o no. Pero lo que nadie podrá conseguir es quitarle que es un buen método psicoanalítico para mantener las neuronas en activo. Las terapias están muy bien en su base teórica, pero la práctica no siempre coincide con ellas.
Las situaciones particulares –laborales incluidas- a veces llevan a una dualidad que no buscamos: seguir o parar. Si se continúa, hay riesgos, y si se para, también. Este blog se ha encontrado en esa tesitura shakesperiana del ser o no ser. Tomar partido por el “no ser”, puede, incluso, descubrir que he cometido un error… pero sólo el tiempo me dirá si hice lo adecuado o no.
Parar, frenar, suspender, interrumpir, detener, coloquen ustedes lo que más les convenga. Mi interés –que nadie podrá quitarme- es retomar la situación lo más pronto posible.










