El enfado, según leo en El País, de la Vicepresidenta Primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, el pasado miércoles ante la Comisión de Subsecretarios exigiendo más proyectos e iniciativas para los próximos 240 días antes de que se celebren las elecciones generales, deja entrever dos hechos circunstanciales de gran calado:Por un lado, la Vicepresidenta demuestra una gran capacidad de autocrítica y voluntad de trabajo a nivel institucional. Una actitud que le ha hecho dar un golpe en la mesa y “espetar malhumorada” a los 30 secretarios de Estado y subsecretarios que "parece que sobran la mitad de los ministerios y, si se suprimieran, ganaría el erario público”…
Es una reacción lógica de alguien que está concienciado del trabajo público que se le ha encomendado. Pero no se equivoque señora Vicepresidenta, “no sobran ministerios” y menos suprimirlos, lo que sobran, si me lo permite, son los altos cargos políticos. Ahí es dónde debe cargar sus críticas. En los ministerios hay personas (funcionarios y laborales) trabajando diariamente sin importarles cuándo serán las elecciones generales. Su labor es poner en marcha y llevar a buen fin las iniciativas institucionales que marque el Ejecutivo elegido democráticamente.
Estimada Vicepresidenta, sus críticas están justificadas, y seguro que si pusiera en la calle a más de un inoperante cargo público en la calle, el erario público se lo agradecería… mucho más si ese dinero se vuelca en mejorar la situación de los trabajadores de la Administración.
En segundo lugar, esta advertencia de la Vicepresidenta va a tener su repercusión en los gabinetes de comunicación de la Administración del Estado. Indirectamente, Teresa Fernández de la Vega quiere poner las pilas a la comunicación institucional. De poco sirve tener iniciativas, si no se transmiten con efectividad a la sociedad.
En esta legislatura parece que no ha funcionado muy bien la estrategia de comunicación del Ejecutivo. Y no es por falta de profesionales, que debo decir existen, pero que no han sabido aprovecharlos. Sigue pendiente, señora Vicepresidenta, una regularización y reconocimiento profesional de los periodistas que trabajan a diario para la comunicación institucional. Sólo hace falta unos buenos dirigentes.
Es aquí donde, a mi modesto entender, falla el Gobierno y no las instituciones. En la Administración hay periodistas con un bagaje profesional de incalculable valor que se está desaprovechando. No es extraño que a primeros de años una encuesta del CIS asegurara que el 64% de los españoles no conocía la Ley de de la Dependencia ni el esfuerzo inversor en infraestructuras del Gobierno. Ahí ha fallado la comunicación institucional, y, en consecuencia, los encargados de aplicarla. Pero no los periodistas que trabajan a diario sin importarles cuándo serán las elecciones generales.
Señora Vicepresidenta: un sobresaliente por ese “aviso a navegantes”, pero no lo extienda a quienes simplemente reciben órdenes superiores. Hay que tomarse más en serio la Comunicación Institucional y proporcionar los mecanismos adecuados para que funcione sin contemplar el corto espacio de cuatro años, o los ocho meses que les quedan a algunos.





