8 nov. 2007

El periodismo en entredicho

Llega a mis manos un avance del Informe de la Profesión Periodística 2007, que edita la Asociación de la Prensa de Madrid (APMadrid) y que dirige el profesor de la Universidad de Málaga Pedro Farias, en donde se destaca que casi el 60% de los encuestados asegura que la información electoral ofrecida por los medios de comunicación no les interesa “en absoluto”. Dicho Informe se presentará el próximo 3 de diciembre.

Más golpes al periodismo es el dato que revela que el 70% cree que los periodistas ayudamos a acentuar la crispación política, y, como añadido, el 87,9% de los encuestados señala que la información de los medios no les afectan en su intención de voto, mientras que sólo 5,7% admite que los medios pueden hacerle cambiar la decisión ala hora de ir a las urnas.

Los encuestados reclaman, además, un mayor grado de imparcialidad y pluralidad en los contenidos (38,6%) más credibilidad (21,3%) y unos planteamientos más interesantes en sus contenidos (14,9%).

Según la encuesta realizada por Demométrica, los españoles consideran que medios como la COPE, ABC, El Mundo y La Razón presentan una desviación del centro político mayor que los diarios y cadenas que ubican en la izquierda política, como El País, la SER, Cuatro y laSexta. La encuesta, realizada en 1.200 hogares de toda la geografía nacional, muestra como la percepción que los usuarios tienen de la orientación política de los medios españoles tiende hacia el centro, y en él perciben medios como Radio Nacional, Telecinco y los operadores de radio y televisión autonómicos.


El periodismo queda en entredicho, y esa “arrogancia”, a veces pueblerina, de que la información que descuelgan en sus páginas o emisoras de radio y televisión están influyendo en el voto, es una creencia absurda. Que los periodistas somos parte de culpa de la crispación política no les falta razón, dado que los medios se han convertido en portavoces de las estrategias que marquen las organizaciones políticas.

Y es que los españoles están ya cansados de 11-Ms, teorías de las conspiración, estatutos de autonomías (léase catalana), la españolidad de España, el Tribunal Constitucional, y los rifirrafes en los debates políticos. En parte es culpa del Gobierno que no ha sabido llevar a cabo una política de comunicación más cercana al ciudadano, llevando los avances legislativos que se han promulgado a la esfera pública e, incluso, al debate político. Ha ganado, en esta legislatura, la contrarréplica fuera de lugar y la crispación más incisiva.

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