1 oct. 2007

Devoción

Amor, veneración y fervor religiosos. Una práctica piadosa no obligatoria, que se cumple sin compromiso alguno y sin esperar nada a cambio. No hay dramatismo, sólo alegría.

Torrecilla del Pinar, en una soleada tarde segoviana. Fiestas en honor a la Virgen del Pinar. La devoción impregna el aire. Sale la Virgen de la Iglesia, el murmullo de los lugareños aumenta decibelios, roto de repente por un “!Viva la Virgen del Pinar¡”.

Suena la dulzaina y el tamboril. El sonido de la jota acalla las voces. La devoción se hace cada vez más visible. Un grupo de mujeres, niños y hombres comienzan a situarse en paralelo bailando en honor a la Virgen del Pinar. La dulzaina y el tamboril se adueñan del pueblo. Ellos marcan el ritmo de la procesión. Los músicos paran, los cuatro porteadores de la Virgen se mueven. Suena otro “¡Viva la Virgen del Pinar!”, y repiten el “viva” voces de devoción. La procesión sigue su camino hacia la ermita. Repiten la dulzaina y el tamboril. Los que llevan a la Virgen detienen su marcha. Es el momento del baile en honor a su patrona. Breve, pero emocionante.

Nada a cambio se espera. Es devoción. Alegria, baile y vivas van acompañando a la Virgen.


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