8 may. 2007

HOMENAJE: Carles Carbonell, la particular historia de un periodista institucional

Carles Carbonell JustQuiero rendir homenaje a Carles Carbonell Just (perdona por la foto), periodista institucional del Gabinete de Prensa de la Delegación del Gobierno en Cataluña, a quien la edad de la jubilación le va a permitir disfrutar aún más de la vida.

Su trayectoria profesional, estoy seguro, pasaría desapercibida por todos, salvo por sus compañeros más cercanos, como es lógico. Una muestra más del ostracismo en el que trabajamos los periodistas al servicio de la Administración Pública. Carles Carbonell tiene, como todos, su particular historia laboral en este mundo de la comunicación institucional. Puede ser interesante o no, pero ha visto pasar a muchos delegados del Gobierno y sus correspondientes asesores como para poder hablar con claridad qué se entiende en España por Comunicación Institucional.

Le pedí que me diera unas pinceladas sobre lo que ha hecho en sus treinta años de profesión periodística, veintisiete de ellos en el Gabinete de Prensa de la Delegación del Gobierno en Cataluña, es decir, desde los inicios democráticos de las Delegaciones de Gobierno. Su prosa tiene la sencillez y precisión de quien ha tenido que hacer y rehacer muchas notas de prensa. Por este motivo, dejo vía libre a su propio texto:

“El 17 de octubre de 1980 nombran al Secretario de Estado Josep Meliá, como primer Delegado del Gobierno en Catalunya. Así que, de inmediato, me incorporo al equipo del nuevo Delegado del Gobierno y regreso a Barcelona, mi ciudad natal, como director de Programas de la Delegación del Gobierno de Catalunya.

La primera etapa de la Delegación del Gobierno es muy corta, pero intensa e interesante: se trata de la implantación de un nuevo cargo de peso político, que el gobierno de Madrid impone a una Comunidad Autónoma, de acuerdo con la Constitución. Trabajo que no está exento de dificultades y susceptibilidades que hay que limar. Pero Meliá presenta su dimisión en el momento que dimite el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez (29 de enero de 1981). A pesar de ello, su permanencia en la Ciudad Condal dura hasta mayo de aquel año.

El 23 de febrero de 1981, día del fatídico intento de golpe de Estado, pasamos toda la noche en el despacho oficial de la Delegación junto a Josep Meliá, el abogado del Estado, el asesor de Protocolo, el historiador Jose Carlos Clemente y yo, custodiados por la Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía.

En esta primera etapa, se pone en marcha el departamento de Prensa con un asesor, José Carlos Clemente, y yo como periodista, junto a dos auxiliares, uno de mañana y otro de tarde.

En Diciembre de 1982, tras ganar las elecciones el PSOE, es nombrado Delegado del Gobierno, Francesc Martí Jusmet. La etapa de Martí es la más interesante y extensa de todos cuantos Delegados hayan pasado por Catalunya.

El Gabinete de Prensa es valorado y potenciado: llegamos a ser diez personas en el mismo, de ellas, siete periodistas. Claro que el trabajo se va multiplicando tras la nominación de Barcelona como sede olímpica, toda vez que los viajes de Estado se suceden constantemente, al igual que las constantes visitas de miembros del Gobierno. Se quiere potenciar Barcelona para que logre ser sede de las Olimpiadas de 1992.

Son unos diez años intensos en trabajos y experiencias a todo nivel. La consideración que los medios tienen del Gabinete es altamente positiva, gracias al Delegado, Francesc Martí y a su asesor y director del Gabinete de Medios, Joan Busquet.

En 1996, el Partido Popular llega al Gobierno y con él, llega a la Delegación, Julia García Valdecasas. Toda la confianza que nos dio Francesc Martí Jusmet se esfuma por completo. No nos dan tiempo para demostrarles que somos técnicos y como tales, realizamos nuestra actuación, independientemente de nuestras opciones políticas o simpatías personales. Además, los dos asesores que nombran en materia de prensa no tienen titulación alguna, están allí por razones meramente políticas y actúan como si la Delegación fuera “su cortijo privado” sin tener en cuenta que están trabajando en una institución y su trato para con nosotros dejó mucho que desear desde la perspectiva humana y profesional.

La situación llegó hasta tal punto que tuvimos que presentar una queja a la “Comisión de Defensa del Col•legi de Periodistes de Catalunya “, aunque fuera a nivel moral y profesional.

El deterioro en el Gabinete se hizo ostensible cada vez más porque estos asesores pretendían que nuestra función fuese más política que técnica, cuando la misión de un gabinete de prensa institucional es la “comunicación institucional” que es siempre técnica y no política o de partido.

Llegan las elecciones del 2004 y gana el PSOE. Todos los Periodistas, quedábamos cinco, pensamos en una nueva e interesante etapa. Pero nos engañamos, si con el PP hubo desconfianza, con ese nuevo PSOE aumentó de tal manera ese criterio desconfiado que se nos ignoró totalmente, superando en mucho el peor de los momentos de la época anterior. No es casual que la persona que dirige la Comunicación de la Delegación no es profesional ni titulada, sino una mera comisario político.

Bueno, a mí esta situación kafkiana me ha durado menos de tres años Ha llegado, por edad, la hora de la jubilación. Pero mis compañeros han quedado en idéntica situación, aunque peor porque se quedan con un profesional menos y con las mismas tareas”.

Probablemente muchos se vean reflejados en esta singular historia: ver pasar a buenos y malos profesionales de la comunicación institucional. Estimado Carles Carbonell, desde este humilde blog sólo me queda decirte: Disfruta de la vida.

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