7 feb. 2007

El laberinto jerárquico

En el entramado de la Administración Pública se sabe como poder entrar, lo difícil es saber desenvolverse dentro de ella. El otro día estuve hablando con unos compañeros sobre esta circunstancia, especialmente la vinculada al mundo de la comunicación institucional. La idea es elaborar un método de trabajo que nos permita saber cuántas son las personas que trabajan como periodistas para la administración.
Una de las conclusiones que sacamos fue el laberinto jerárquico que surge a la hora de intentar definir y concretar el puesto de máximo responsable de comunicación de cada Organismo de la Administración General del Estado.

Los cargos se dispersan en Director de Comunicación, asesor de comunicación, jefe de prensa, director general. Todos ellos ocupan puestos de confianza y, por lo tanto, sus perspectivas futuras se basan en la temporalidad de las convocatorias de elecciones o sustitución del ministro.
A partir de esta situación tan compleja, todos los “subniveles” que derivan del máximo responsable de comunicación se convierten en un nuevo laberinto en el que es difícil saber quién manda, sobre qué manda, y para qué manda. En el último escalón se sitúan los profesionales que trabajan como periodistas para la administración, cuyas relaciones contractuales se dividen en funcionarios y laborales. ¿Cómo contabilizar, pues, todo esto, si, encima, la Administración no tiene reconocida orgánicamente la categoría de periodista?

Intentar explicar con claridad este complejo sistema, (¿qué es un funcionario?, ¿qué es un laboral? ¿qué es un nivel, qué es la estructura orgánica?...) llevaría muchos folios y aún así quedarían flecos, dado que existe otro “laberinto” de Ordenanzas ministeriales, Reales Decretos, Leyes de la Función Pública que impiden encontrar una salida. Lo indefinible es que aún quedamos "quijotes" que creen posible contabilizar y elaborar un informe sobre la situación de la Comunicación Institucional en la Administración Central.

2 comentarios:

La Cortesana dijo...

Has dado en el epicentro de la cuestión. ¿Por qué la propia administración pública hace todos estos galimatías? Que yo sepa en las Cortes estas funciones de asesores y directores de comunicación está muy clarita.

Ignacio Duelo dijo...

Lo mismo ocurre en la Argentina. Una de las lamentables consecuencias de esta inestabilidad política en los altos cargos de la comunicación es el cortoplacismo que se deriva de ella. Los profesionales estables generan proyectos de mediano y largo plazo, pero deben pasar por un tamiz condicionado a lo político. Y, como se sabe, la comunicación cortoplacista se agota en espasmos sin estrategia. Por suerte la excepción la dan aquellos que se saben ocupantes de un puesto que está por debajo de la institución y debe seguir una línea con el pasado y el futuro de ella.