11 ene. 2007

Ten cuidado con lo que escribes

Llevo varios días sin escribir nada en este blog y considero que debo dar una explicación a quienes han decidido otorgarme unos minutos de su tiempo para leer algunos post.

Han ido llegando a mis oídos ciertas informaciones (como es lógico no diré de donde llegan las fuentes) que me han puesto, como mínimo, algo preocupado y, lo máximo, incapaz de escribir línea alguna. He tenido sospechas, pero ahora se han vuelto indicios reales.

Parece ser que algunos de mis posts no han caído bien en las esferas de la comunicación institucional de este país. No existe un punto central, y sí diversos “estrategas” de la comunicación que han decidido señalarme con el dedo de forma acusatoria sobre los temas que expongo en este humilde y poco “influyente” blog.

Escribir y que todos estén de acuerdo no suele ser muy frecuente, una premisa que estoy dispuesto a asumir. Sin embargo, escribir sobre temas relacionados con la comunicación institucional de las administraciones públicas, las “singularidades” del trabajo de los DirComs institucionales, y, sobre todo, reclamar a los “gestores” elegidos por el pueblo que tomen las medidas adecuadas para que la información pública no sea moneda de cambio política, parece que no resulta agradable para algunos.

Todavía no he recibido avisos concretos, pero sí ciertos comentarios como “ten cuidado con lo que escribes”, y algún que otro dudoso “gesto” en mi puesto de trabajo. Puede que todo sea una densa niebla que no me deja ver la realidad, y quizás que todo sea producto de mi imaginación... pero de lo que sí tengo certeza es de lo que oigo y veo. A estas alturas de mi vida los indicios y rumores suelen ser la antesala de la noticia, y si uno trabaja en la Administración, tarde o temprano, consigue enterarse de lo que ha sucedido.

No quiero pensar que tras 30 años de democracia escribir sobre las carencias de la administración pública en el ámbito de la comunicación institucional está vetado. Mal camino llevan quienes crean que por tener un puesto de responsabilidad otorgado a dedo se consideren todopoderosos señores del bien y el mal.

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