12 ene. 2007

Rubalcaba, un ejemplo de portavoz institucional

Los que trabajamos en la Administración sabemos muy bien con qué celo se sujeta el tema de las competencias. A veces esas competencias se cruzan con otros ministerios y surge una especie de roce por ver quién es el que debe hablar y presentarse ante la opinión pública.

El atentado de la banda terrorista ETA en la Terminal 4 de Barajas el pasado 30 de diciembre mostró claramente los “problemas” de quién debía llevar las riendas de la comunicación institucional.

Como pudimos comprobar, según informa El Confidencial, el principal protagonista de llevar las riendas de la comunicación y de la gestión de la crisis que suponía el atentado, fue el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Cuenta El Confidencial que el propio Rubalcaba “exigió” al presidente y la vicepresidenta que no interfirieran en su labor al frente de la crisis provocada por ETA. Incluso fue más allá y pidió que ni la vicepresidenta ni el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales se personaran en la Terminal 4, que hubiera sido lo más lógico dado que tanto De la Vega y Caldera tienen competencias muy directas sobre una circunstancia donde la muerte de dos ciudadanos ecuatorianos había agrandado el atentado.

En el plano de la comunicación, Rubalcaba mostró su “veteranía” en salvar situaciones difíciles y para ello se erigió en portavoz del Gobierno. Supo dosificar la información, dando la solidez y autoridad obligada que la sociedad reclama en esos momentos.

Ahora bien, esa comunicación institucional quedó emborronada por “gestos” de la oposición. La presencia de Mariano Rajoy en la zona del atentado y las declaraciones de Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón provocaron que la serenidad y eficacia comunicativa de Rubalcaba quedara en un segundo plano, dado que los medios afines al PP dieron más importancia a la ausencia de Zapatero en los primeros días del atentado.

La información no era si el presidente visita o no una zona afectada por un atentado, sino el mensaje que se transmite a la sociedad, que en casos como éste deben ser claros, precisos y reales de lo que están haciendo las instituciones públicas. Recuerden muchos la “desastrosa” comunicación institucional que llevó a cabo el Gobierno de Aznar tras el terrible atentado del 11-M. Ocultar, desvirtuar y enrocar la información institucional suele traer malas consecuencias para los gobernantes.

2 comentarios:

Ignacio Duelo dijo...

De todas maneras creo que la presencia de Zapatero en Barajas habría comunicado mucho más que otros recursos.

Saludos desde Buenos Aires.

Casimiro López dijo...

Buena apreciación, pero debemos también aprender a dejar los gestos políticos (paseo del Presidente entre las ruinas del atentado) y estar más centrados en los mensajes que lleguen desde las instituciones, que en algunas ocasiones llegan "contaminados"