5 dic. 2006

El recibo de la luz enciende la alarma en la comunicación del Gobierno

electricidadMuchos y variados han sido los comentarios que se han generado en torno al anuncio de que el Ejecutivo subirá el precio de la luz de forma sustancial: un diez por ciento de media a todos los españoles, y además dentro del año 2007. Será la subida más alta de los últimos 20 años. El aumento se aplicará en dos tramos: una subida del 6% en enero y la otra del 4% en julio, aunque las tarifas serán revisadas trimestralmente y se ajustarán si los precios de las materias primas fluctúan de forma significativa.

Una noticia que hizo temblar a más de uno y en especial en la sede del PSOE, donde no entendieron muy bien que se llevara a cabo esta subida en un año plagado de elecciones autonómicas y municipales. Y para colmo, ahí estaba la última encuesta del CIS donde se daba la mala imagen del Gobierno: suspenso de todos los ministros, incluso el presidente Zapatero, y donde sólo se salvo la Vicepresidenta.

Una vez más la política de comunicación del Gobierno no ha estado a la altura exigida en este tipo de informaciones tan sociales: el ciudadano, que no ha entendido muy bien esa “batalla” de las empresas eléctricas, ahora comprende que quien va a pagar el “embrollo” va a ser él. La filtración de la “escalofriante” noticia es una señal de la falta de coordinación en la información gubernamental, que, para añadido, no tuvo su respuesta del principal protagonista de esta subida: el nuevo ministro de Industria, Joan Clos.

Para calmar la situación tuvieron que salir a la palestra varias cabezas visibles del Gobierno: la incombustible vicepresidenta del Gobierno, Fernandez de la Vega, el devaluado secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, y el técnico número dos de Economía, David Vegara para asegurar que la subida de la luz no irá «más allá» del repunte de la inflación.

Una contrainformación que no ha conseguido convencer a sindicatos y asociaciones de consumidores, quienes recuerdan que ya a primeros de este año hubo una subida de las tarifas eléctricas, pero que pasaron desapercibidas por la famosa entrada en vigor de la Ley Antitabaco.

Moraleda, según algunas informaciones, es el principal referente de estos “disgustos” institucionales, y se habla ya de horas bajas precisamente por las quejas sobre política de información. Y es que las filtraciones suelen ser un arma de doble filo: por un lado se compensa al medio de comunicación con una exclusiva y por otro generar una alarma social innecesaria. Bien es verdad que siempre quedará la coletilla de “es una información no contrastada”.

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