22 sept. 2006

Lo peor que le puede pasar a un DirCom de la administración pública

Se dan muchos defectos en el quehacer diario de los DirComs de la administración pública, pero, por encima de todos, se encuentra el “hibernar” tranquilamente hasta que llegue su salida obligada. Todo su esfuerzo se dedica a cobrar a final de mes.

En esta especie de hibernación se encuentra el total desinterés en el equipo redaccional que se le ha puesto en sus manos para llevar a cabo de la mejor manera posible la política de comunicación de la institución a la que él representa.

Ser un jefe de prensa de la Administración otorga un “status” especial, se siente importante por le número de llamadas que recibe, se le considera un representante público de gran relevancia, su cargo le permite obtener una carta de presentación envidiable, y, encima, es un añadido a su currículo profesional que le permite ir orgulloso de sí mismo.

Pero en la realidad esos directores de comunicación institucional viven al margen de su redacción, incluso del quehacer diario y de las posibilidades que se pueden llevar a cabo en el ámbito de la comunicación interna. Son una especie de “parásitos” que se han contagiado de ese mal que inunda las administraciones públicas: la falta de interés por cuanto le rodea y la actitud “pasoteril” de querer hacer cosas novedosas con los medios y personal que la Administración pone a su servicio.

Lo peor que le puede pasar a un DirCom de la Administración Pública es dejar las cosas como están y dedicar unas pocas horas a su “jefe”, en este caso el ministro. Lo demás es “parasitar” sobre las espaldas de los periodistas de su gabinete con la tranquilidad que da saber que a finales de mes la nómina le va a dar un suculento sueldo sin apenas haber pegado un palo al agua...(Nota del autor: si alguno se siente identificado, es pura coincidencia)

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