12 may. 2006

El Congreso convertido en una taberna de barrio

Las instituciones del Estado deben de ser un ejemplo vivo de la prudencia, el buen hacer, la seriedad y el respeto democrático. Estos argumentos deben llegar al ciudadano a través de los medios de comunicación, y de esta manera se pueda reclamar la serenidad democrática que todo país necesita.

Lo ocurrido ayer en el Parlamento con la expulsión final del diputado popular Martínez Pujalte es realmente bochornoso y deja una institución tan importante en el panorama democrático como es el Congreso a la altura de una taberna de barrio.La expulsión de Pujalte,sencillamente, es un mal ejemplo de comunicación institucional.

De poco les va a servir a los políticos pedir mesura y control a los ciudadanos cuando éstos decidan manifestarse o simplemente hablen en un bar. Si los diputados ofrecen la imagen institucional de alborotadores y "gamberros" que no dejan hablar al rival no pueden luego reclamar a la ciudadanía una mayor sensatez en sus deberes democráticos.

La comunicación institucional ha quedado manchada con la actitud del diputado popular Martínez Pujalte... por que a la ciudadanía le ha llegada un mensaje de alboroto, crispación y de mala educación democrática. No estamos hablando del Gobierno, sino de una institución del Estado de gran importancia. ¿Se imaginan que en una recepción de la Casa Real alguien se pusiera a gritar o hacer gestos ante las declaraciones del Rey?, ¿que en una sesión del Tribunal Constitucional uno de los magistrados se dedicara a interrumpir la intervención de otro?.

Es importante que sepamos diferenciar lo que es el Gobierno (gestor elegido democráticamente) y el Estado (instituciones sustentadas por los ciudadanos). El Parlamento español es una institucional del Estado, que da cobijo al Gobierno y los partidos políticos, donde se hace el control obligado democráticamente de las actividades de las gestiones llevadas a cabo por el Gobierno. No es un recinto tabernario donde el pataleo, las voces, los gestos y hasta los insultos son válidos.

Lo que transmitan los diputados será el modelo que la sociedad contemple como válido. Comunicar a la ciudadanía que la democracia es el saber escuchar y replicar sería la primera lección que tendrían que aprender los políticos españoles.

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