26 may. 2006

El autismo de la Comunicación Institucional

Metidos en el mundo de la Administración, surgen siempre muchas dudas acerca de la viabilidad de poner en marcha asociaciones que incientiven a las personas a defender su estatus laboral.
El autismo, que según el Diccionario de la Lengua España, es un "repliegue patológico de la personalidad sobre sí misma", me permite establecer esta definición para concretar lo que sucede en el ámbito de la comunicación institucional.

La Administración consta de funcionarios, laborales y cargos políticos. Los cargos van siempre ligados a los avatares del juego democráticos de los partidos políticos, por más que puedan ser grandes técnicos. No se rigen por ningún estatus y no tienen horarios. Por contra los funcionarios y laborales no ven su vida alterada por los cambios en el poder. Estos se rigen por un estatus particular, muy protector y que sólo tienen la obligación de cumplir un horario ( y a veces ni eso).

En la comunicación Institucional, los redactores de cada gabinete, organismo autónomo o publiación oficial ven pasar, a lo largo de su vida profesional, a un gran número de cargos. DirComs que dejan poca huella,quizás algún acto simbólico que perdura en el tiempo, quizás un movimiento de actividad para que se ajuste a la modernidad, y poco más.

Estos cargos sí tienen en común el que pocas veces se atreven a gestionar el capital humano que les es asignado. La mayoría por que no saben, otros por que no se atreven, y alguno sospecha que se agotarían en el intento de crear y movilizar el equipo. Todo ellos, al final, delegan en la normativa para seguir funcionan hasta que acabe su periodo político.

Con estos mimbres la comunicación institucional se convierte en una masa humana autista. Cada uno se repliega sobre sí mismo y olvida la colectividad que le permita trabajar cada día sin compartimentos estancos y pueda entablar una comunicación viva. Sin embargo un centro tan focalizado como es un gabinete de comunicación acaba eludiendo la participación y la intercomunicación.

Esta circunstancia se arrastra hasta alcanzar el desánimo más absoluto, aquél que les lleva a ocultar incluso que su profesión es la de periodista. Y no puedo dejar pasar que todo ello junto provoque en la inmensa mayoría una falta de interés por una unidad de trabajo hacia el reconocimiento profesional. Se vive de tal forma amargado que hacen oidos sordos a quien le diga que hay posibilidades de solución.

Hay un autismo en el mundo de la comunicación institucional. Un autismo que se contagia entre el cargo político y el funcionario,o el laboral. Cada uno se repliega sobre sí mismo, esperando que cada final de mes la nómina llegue a sus cuentas, y olvidándo que hubo un tiempo en que soñaron que podían ser periodistas de verdad.

1 comentarios:

Celia dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con las opiniones que expresas en este post, sobre todo con la frase "Un centro tan focalizado como es un gabinete de comunicación acaba eludiendo la participación y la intercomunicación". Los periodistas, además de no asumir una cultura organizativa, no tienen, no pueden o no quieren emplear las herramientas que les permitan tener una comunicación interna fluida y necesaria hoy en día para el buen funcionamiento de cualquier empresa.