27 mar. 2006

Paga al partido y te doy trabajo

Las famosas cuotas que ha pedido ERC a algunos empleados de las consejerías de la Generalitat de Catalunya han levantado todo tipo de suspicacias, indignación y alguna que otra dosis de vulneración de las leyes que se eleva a la categoría de dimisión, cese…

Pero más allá de esta simple actuación de misivas para que unos paguen por ocupar puestos de responsabilidad en la Generalitat, y otros para que se hagan “amigos” de ERC y así pagar su correspondiente cuota, debemos fijar nuestra atención en la hipocresía de todos los partidos políticos cuando se trata de obtener favores administrativos por el mero hecho de ganar unas elecciones.

Diferenciar lo que es institución y política es algo que los que trabajamos para la Administración hace ya tiempo que lo tenemos más que asumido. La posibilidad de que en cuanto un partido gana las elecciones y toma posesión de las distintas administraciones comienza un baile de nombramientos en los que poco o nada tiene que ver su capacidad de gestión. Pero la situación va en aumento en los subnombramientos, es decir, la escala hacia debajo del equipo de amigotes que quieren también su parte del pastel.

Es ahí donde está el problema. ERC debe una explicación, `pero lo mismo el PSOE, el PP, CiU y todos los partidlos políticos. Lo de pagar al partido unas cuotas por ocupar un cargo es pecata minuta. No tiene más interés que el puramente moral (eso de pagar por trabajar en un sitio no está bien visto).

La realidad de este problema es quién garantiza que los cargos elegidos para ocupar puestos de responsabilidad en la Administración Pública son los más adecuados para gestionar esa parcela institucional. Ese es el verdadero problema. Las famosas cuotas de ERC han dejado al aire el incompetente sistema que siguen todos los partidos para colocar en puestos de responsabilidad a sus amiguetes, tengan o no idea de lo que van hacer.

Y ahí es donde tienen que luchar constantemente los trabajadores de la Administración. Soportar a un jefe incompetente, que no sabe por dónde van las cosas y al final son los propios empleados públicos quienes tienen que solucionar los destrozos.

Los partidos políticos españoles aún no saben que la Administración General del Estado, y sus comunidades autónomas son órganos públicos creados con el dinero de los contribuyentes y que deben ser gestionados con eficacia y equidad. El ganar unas elecciones no da vía libre para repartirse el pastel, sino a poner a las personas más competentes en los sitios que mejor se ajusten a sus cualidades. De este modo ganaría la administración, ganaría el partido que podría proporcionar una imagen de más eficacia, y ganarían, por supuesto, los trabajadores de la Administración que conseguirían quitarse el “sanbenito” de vagos: su eficacia está aún por demostrar, pero, como todo en esta vida, es necesario que haya un buen capitán que dirija el barco a buen puerto.

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