18 ene. 2006

Fiscalía-caso Batasuna, un mensaje institucional sin torceduras

Los complejos entramados de la justicia consiguen la mayoría de las veces el rechazo de los ciudadanos por no entender bien los motivos que repercuten en un acto jurídico.

Es por ello que merece el reconocimiento de todos el trabajo que tiene que desarrollar el gabinete de comunicación del Fiscal General del Estado y que dirige Fernando Noya con buen criterio.

En estos días el trabajo de la Fiscalía del Estado se ha tenido que enfrentar al famoso congreso de Batasuna que ha copado los titulares de la prensa, radio y televisiones, sin olvidar la presión política del partido de la oposición. En esta difícil situación hace falta mantener la serenidad y desplegar todo el potencial comunicativo para conseguir que el mensaje institucional llegue sin torceduras ni malentendidos. Hay que ser muy diplomático y dejar claro que el Fiscal del Estado, Conde Pumpido, es un garante de los derechos constitucionales y su informe así lo dejaba claro el lunes en su escrito a la Fiscalía de la Audiencia Nacional en el que, aunque expone "serias dudas" acerca de la posibilidad de volver a suspender las actividades de Batasuna, precisa que si así lo acuerda el juez, sería partidario de solicitar la prohibición de la Asamblea Nacional.

Otra vez volvemos a comprobar que el trabajo de los comunicadores institucionales no suele estar valorado en su justa medida, porque muchos compañeros de profesión, por desgracia, piensa que es un trabajo cómodo y sin presiones. Ya quisiera yo verlos en situaciones tan complejas como la soportada por la Fiscalía General del Estado ante la asamblea prevista por la ilegalizada Batasuna.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

esque Fernando Noya es una persona excepcional, que ha demostrado en numerosas ocasiones su precisión jurídica, su imparcialidad, etc...todo un ejemplo si además se conoce su coherencia personal.

Casimiro López dijo...

En eso no hay ninguna duda, y de ahí que sea necesario reconocer el trabajo que realiza en uno de los puestos institucionales más difíciles: centro de todas las flechas para bien o para mal, más veces éstas últimas que las primeras.