30 nov. 2005

El periodista es un lobo para el periodista... de la Administración

tribuna de oradores del Congreso de los Diputados
No queda más remedio que hablar otra vez del Estatuto del Periodista Profesional, una proposición de Ley que presentó el grupo de parlamentario IU-IV-Iniciativa Per Catalunya Verds. Pues bien, leo en el diario de sesiones la intervención de la diputada Isaura Navarro en la sesión plenaria del martes 23 de noviembre de 2004, y quedo gratamente sorprendido por cómo finaliza su discurso: “Señorías, tanto los ciudadanos, como receptores de la información, como los profesionales del mundo de la comunicación merecemos y exigimos la aprobación de este estatuto porque exigimos un Estado más democrático, porque la Constitución española, que recoge el derecho a la información como derecho fundamental en su artículo 20, no debe ser papel mojado y por amparar a un sector tan denostado como el de los periodista”.

Perfecto, “un sector tan denostado como el de los periodistas” debe estar amparado por la ley. Me hace albergar cierta esperanza de que, como periodista, alguien alce la voz para defender mi situación. Esperanzas que se ven acrecentadas cuando leo en el preámbulo del Estatuto del Periodista que “más allá de la comunicación interindividual, la comunicación pública requiere de la mediación de empresas informativas e informadores profesionales. Cuando el derecho a informar que a todos se reconoce se ejerce de modo habitual y profesional queda cualificado con una función social: el derecho se convierte en deber de informar al servicio del derecho del público a ser informado. Para el cumplimiento de ese deber se requiere un desarrollo de las facultades que aseguren la dignidad e independencia profesional, siempre al servicio del derecho del público”.

Hasta el momento todo hace presagiar que este Estatuto va a defender la profesionalidad de los periodistas, incluidos los que trabajamos para la Administración del Estado (la comunicación pública requiere informadores profesionales). Pero la alegría en la casa del pobre no dura mucho y a medida que uno se va leyendo los artículos del Estatuto va perdiendo toda esperanza, y vuelve a la oscura e incierta realidad profesional, máxime cuando se encuentra con puntos como “los periodistas tendrán libre acceso a los registros, expedientes administrativos y actuaciones judiciales no declaradas secretas y en general a cualquier información recogida por las autoridades públicas que pueda contener datos de relevancia pública”. Mal vamos, porque ¿y los que trabajan en la Administración, que pueden hacer?, ¿se van a convertir en espías para sus compañeros de profesión?, ¿tendremos dos jefes: uno el Dircom y otro el periodista que llama exigiendo información concreta?. Sigue uno leyendo y de nuevo encuentra esta otra perla “Con carácter general, los organismos y autoridades públicas pondrán a disposición del público las informaciones de relevancia general mediante bases de datos accesibles a través de las redes electrónicas”. Ahora le están diciendo a la Administración que se ponga las pilas y se modernice.

Y así va uno contemplando cómo el estatuto del Periodista olvida al periodista que ejerce su trabajo en la Administración Pública... ¿quieren decir con ello que dejan en manos del Gobierno la regulación de nuestro estatus laboral?, y si el Gobierno no quiere, entonces ¿qué somos?, ¿cuál es nuestra profesión?, ¿qué le digo yo a mi hijo cuando le pregunten en qué trabaja su padre?, ¿Qué dirá mi familia?... Bromas a parte, el tema es serio y abandonan a su suerte al colectivo de periodistas (que somos, lo quieran o no) que trabajan para la Administración Pública.

29 nov. 2005

Consideraciones históricas de la Comunicación Institucional en la España democrática

cartel electoral del Referendum por la Reforma Política el 15-12-1976Los periodistas que desarrollan su tarea en los Gabinetes de Prensa ministeriales, Departamentos de Comunicación y Publicaciones Periódicas de la Administración atraviesan en la actualidad una difícil situación, fruto de los errores cometidos por la Administración en el pasado y de su incapacidad para resolver ciertos problemas, y también producto de cierto grado de conformismo achacable a la propia profesión.

Para comprender la grave situación actual es necesario hacer algunas consideraciones previas de carácter histórico: en resumen, hay que retrotraerse a la época de la transición democrática en España. Bien es cierto que las relaciones entre la prensa y el poder y sus influencias mutuas vienen de antiguo, pero es precisamente en la Constitución española de 1978 donde se recoge, en su artículo 20, el principio de libertad de expresión y comunicación.

La Constitución de 1978 fijan las reglas en las que deben basarse en democracia las relaciones entre los medios de comunicación y los poderes públicos. Eso significa que desaparecen instrumentos propios de los Estados totalitarios, como la censura previa o el control y registro de medios, y aparecen otras basadas en la colaboración y el respeto entre medios libres y gobiernos democráticos.

Junto a una prensa libre nace también la necesidad de que el Estado democrático se dote de unos profesionales capaces de cumplir dos tareas básicas pero esenciales: una, de carácter interno, que se resume en recoger toda aquella información que generan los medios para hacerla llegar a aquellas personas que por designio de las urnas representan a las más altas instituciones del Estado; y otra, de carácter externo, que consiste en elaborar y distribuir la información que generan las propias instituciones (Como se observa en la actualidad, tanto una como otra función han adquirido un alto grado de complejidad, típico de las sociedades avanzadas, y requieren, por lo tanto unos profesionales con un alto grado de formación y especialización).

A estas loables necesidades obedece la creación por parte de la nueva Administración de la primera Secretaria de Estado para la Información, hecho que se produce con el primer gobierno de UCD presidido por Adolfo Suárez Esta Secretaria de Estado se encuadra en el área de comunicación de la Presidencia del Gobierno.

A pesar del voluntarismo demostrado por los primeros gobiernos democráticos, en el diseño de esta nueva estructura relacionada con la comunicación institucional se detectan ya los problemas, y la falta de recursos para resolverlos, que nos conducen hasta la situación actual:

En el orden estructural:
· Los diferentes gabinetes de prensa de los departamentos ministeriales y organismos afines (es decir, organismos autónomos, embajadas, altos organismos internacionales) dependen “funcionalmente” de la Secretaria de Estado para la de Información. No obstante, y de hecho, orgánicamente dependen de cada uno de los departamentos ministeriales y, en la mayoría de los casos de los Gabinetes del Ministro. Es decir, “van por libre”: cada uno de estos mini-gabinetes depende de la alta dirección de turno, con personal, en muchos casos, de libre designación. No existe, por lo tanto, ninguna vinculación orgánica entre los profesionales –se supone que con la misma titulación y cometidos- que desarrollan su trabajo en estos órganos de comunicación institucional.
· No se la da a las publicaciones oficiales (numerosas por entonces) el concepto de publicación periodística, por lo que se resta al área de comunicación institucional uno de sus principales y reconocidos instrumentos.

En el orden funcional:
· El núcleo central del nuevo organismo se forma aprovechando el personal –en su mayoría con contrato laboral- del antiguo gabinete de prensa del Ministerio de Información y Turismo. Se traza, no obstante, una clara línea diferencial entre los funcionarios de ese mismo organismo (funcionarios del Cuerpo Superior, Técnicos de Información y Turismo –que se constituye en una escala a extinguir y para los que se reservan altos puestos en embajadas y Consejerías de Información-) y el resto del personal seleccionado, como ya se ha dicho contratados laborales en su mayoría.
· La decisión de los gobiernos de UCD y del PSOE, respectivamente, de acabar con la denominada, primero, “Prensa del Movimiento”, y más tarde, “Medios de Comunicación Social del Estado”, coloca a los profesionales que trabajan en estos medios en una difícil situación. Se decide, de manera arbitraria, dispersa y sin control, recolocarlos en los diferentes departamentos de prensa ministeriales y otros organismos afines.

· Se constituye así lo que será el embrión de la actual estructura:
a) Un núcleo central (numeroso pero aislado) de periodistas de la Administración, agrupados en la Secretaria de Estado para la Información (más tarde Oficina del Portavoz del Gobierno, Ministerio del Portavoz del Gobierno, etcétera, y actual Secretaría de Estado para la Comunicación) compuesto por personal laboral de los antiguos gabinetes de prensa ministeriales, al que se une el personal proveniente de los extintos medios de comunicación social del Estado, más funcionarios de carrera y eventuales.
b) Otros gabinetes de prensa ministeriales –tantos como Ministerios existen en los sucesivos mandatos ejecutivos -, de organismos autónomos, más aquellos adscritos a las publicaciones oficiales, todos ellos con la misma estructura de personal que la descrita y magnitudes más o menos variables, dependiendo de las funciones y cometidos del propio departamento. Sin una definición contractual definida (aunque la mayoría tienen contratos laborales) y dependientes de cada uno de los departamentos ministeriales,
c) Y, por último, en la cúpula de cada uno de estas estructuras, aunque sin conexión orgánica entre ellas, una seria de puesto específicos de alta dirección, reservados, por un lado a los funcionarios de más alto nivel (TAC o niveles similares) y, por otro, a funcionarios eventuales de libre designación.

Una visión distorsionada del trabajo en los gabinetes de prensa públicos

Teresa de la Vega y Félix Montilla en rueda de prensa en La MoncloaSuele ser habitual que entre el colectivo de periodistas se vea a los que trabajan para la Administración Pública como unos privilegiados, e incluso llegan al extremo de sacarlos definitivamente del ámbito profesional y situarlos como trabajadores acomodados.

Es una opinión que, por desgracia, alienta a aquellos poderes políticos que ven en los gabinetes de comunicación institucional la posibilidad de ejercitar un trabajo meramente propagandístico. El posicionamiento que en la sociedad ocupa el Dircom de un gabinete de comunicación de la Administración Pública le lleva a situarse en otra galaxia.

Pero el trabajo de los periodistas en la Administración es importante, sobre todo desde que la democracia cambió bruscamente el aparato administrativo franquista. El Estado actual parte de una Constitución pluralista, y como se señala en el “Libro blanco para la mejora de los servicios públicos” (MAP, 2000) las Administraciones Públicas se configuran como organizaciones que gestionan los intereses colectivos y que deben actuar con tres principios básicos: Legalidad, eficacia y servicio.

La democracia y los tiempos han traído una nueva forma de trabajar. Sirva como ejemplo que hace años en la Administración Pública no existían informáticos... fueron reclutados en el momento en el que las nuevas tecnologías se habían apoderado de la sociedad. Ahora, existe la categoría de informático, con su titulación, y reconocimiento profesional y nadie le tilda de privilegiado.

Más. Si alguien dice “soy violinista en la Orquesta Nacional”, a buen seguro que nadie mirará de forma despectiva a este personaje, sino con un sentido de la admiración. Aún más, un restaurador de Patrimonio Nacional genera palabras de elogio con el trabajo que realiza.

Hoy en día la comunicación institucional exige una preparación más acorde con los tiempos que se viven dentro de una sociedad informada. Los profesionales que trabajan en los gabinetes de prensa públicos deben hacer frente a esos cambios tan rápidos, pues su cometido tiene una doble estrategia, por un lado extraer de los diferentes medios de comunicación (prensa, radio, televisión, internet) un resumen para mantener informado a su departamento; y por otro, la comunicación externa que exige una distinción importante entre lo que es propaganda y la función real de los gabinetes.

La profesionalización de los gabinetes de prensa públicos es cada vez más necesaria, porque tengamos claro que la Administración Pública democrática se caracteriza por las notas de continuidad y permanencia. Los fines que tiene encomendados exigen una actividad constante, con independencia de las eventuales situaciones de cambio o crisis política que puedan afectar al Poder Ejecutivo.

Continuaremos con este análisis en próximas entregas. Sirva estas líneas para dejar claro que trabajar como periodista para la Administración Pública no es sinónimo de estatus acomodado. Entre todos debemos alcanzar la profesionalización que exige hoy en día la comunicación institucional.

26 nov. 2005

La delgada línea de la comunicación institucional

José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea
En este blog hemos comentado alguna vez la delgada línea en la que trabaja la comunicación institucional: cuándo se está en el plano puramente político, y cuándo se encuentra esa información en el plano estrictamente gubernamental.

El Gobierno, por sí solo, es un emisor constante de información que generan los distintos departamentos ministeriales. A ello hay que unir esas otras informaciones que surgen debido a dudas que se generan en la sociedad y que los periodistas de los medios de comunicación se hacen eco para transmitirlas al organismo concreto y obtener una respuesta para sus lectores-oyentes.

Sin embargo, hay siempre un punto crítico donde hay que establecer el nivel de profesionalidad y eficacia para no traspasar esa línea. Como ejemplo podemos coger la “batalla de comunicación” que se está librando entre Gas Natural y Endesa.

Una OPA de esas dimensiones ocupa cada día las páginas de los medios de comunicación. Teóricamente es una “batalla” entre dos entidades privadas, y sin embargo el Gobierno se ha visto inmerso en ella, sobre todo cuando Endesa lanzó su arsenal contra el presidente español, Rodríguez Zapatero, en un intento por demostrar que , tras su reunión con Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, confabularon para hundir a la entidad eléctrica.

El Gobierno español tuvo que hacer frente a este ataque desmintiendo esa confabulación y sobre todo informando de una reunión privada de trabajo con la Comisión Europea, cosa que no estaba prevista. Es más, incluso el propio Barroso tuvo que salir a los medios informativos para serenar el ambiente de misterio y dudas que se había generado.

Ahí está la delgada línea sobre la que tiene que trabajar muchas veces la comunicación institucional. El Gobierno no es ajeno a los envites políticos, y mantener esa parcela gubernamental a veces es muy difícil. Sólo cabe una solución: que la madurez del ciudadano español, con treinta años de democracia, consiga separar la paja del trigo.

25 nov. 2005

¿Periodista?. ¡Anda como Belén Esteban!

Hasta ahora hemos estado hablando en estas páginas de la comunicación institucional y de su regulación por parte de la administración, pero no hemos entrado en el plano de la situación laboral de los profesionales de la información que trabajan en los gabinetes de prensa.

Hoy vamos hacerlo tomando como referente el famoso “Estatuto del Periodista Profesional”, y que ha tenido una respuesta airada por parte de los principales medios de comunicación escritos (El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia, La Razón).

Sin necesidad de entrar en muchos detalles técnicos del Estatuto, lo que sí llama poderosamente la atención para quienes trabajamos en los gabinetes de comunicación es que parece como si fuésemos una especie en vías de extinción, o, si me apuran, una especie ya desaparecida y que sólo los “arqueólogos” estudiosos pueden recuperar algo de ella.

La definición de periodista, su acreditación, y titulación están claras: El famoso carné expedido por el Consejo Estatal de la información... "no sustituirá nunca la titulación cuando la formativa laboral o los convenios colectivos así la exijan para el desempeño de determinados puestos” (dixit Estatuto).

El punto en el que surgen los interrogantes es en el de las incompatibilidades, donde se indica que no podrán ejercer de periodistas “el ejercicio de la actividad publicitaria, marketing y relaciones públicas; la condición de policía, militar, juez o fiscal; y los ministros y cargos públicos de libre designación ministerial o por los órganos de Comunidades Autónomas o Corporaciones locales”.

Y pregunto: ¿entonces el director de un gabinete de prensa de la Administración Pública no puede ser periodista (es un cargo de libre designación ministerial)?; y si se ejerce actividad publicitaria, marketing y relaciones públicas en un gabinete de comunicación institucional, ¿tampoco puede ser un periodista?.

Como se puede comprobar, parece que nadie de los redactores de este estatuto Profesional del Periodista sabe cómo y de qué manera se funciona en un gabinete de prensa institucional. Es decir, y si me permiten la licencia “graciosilla”: los trabajadores de los gabinetes de prensa de la Administración Pública pueden un día encontrarse a Belén Esteban como Dircom (oye, que peores cosas se han visto).

23 nov. 2005

¿Hay comunicación entre los ministerios?

Bono saludando a la presidenta de FilipinasUna vez más la realidad nos permite abrir el debate de la comunicación institucional. Lo último ha sido ese “enfrentamiento” entre el ministerio de Defensa y el de Exteriores para ver quién de los dos se quedaba con la exclusiva del caso Larrañaga, preso en Filipinas.

Ante este absurdo choque que más parece producto de la factoría de la prensa del corazón que de unas instituciones públicas serias y ejemplarizantes. ¿Hay comunicación entre los ministerios? ; ¿la Secretaría de Estado de Comunicación coordina la información entre todos los ministerios? ; ¿quién informa a quién y de qué manera?, ¿cada ministerio es una isla?.

En resumen, no existe una estructura de comunicación única dentro de la Administración Pública como unidad (por mucho que me digan que hay una Secretaría de Estado de Comunicación), y, lo peor, no hay coordinación entre las diferentes políticas de comunicación establecidas en cada ministerio.

Y lo más curioso es que los ministerios de Exteriores y Defensa disponen de unos buenos departamentos de comunicación.

Por ejemplo, en Defensa, los cuarteles generales de los ejércitos disponen de un departamento de comunicación con diversas denominaciones; y en el caso de Exteriores dispone de la famosa OID (oficina de Información Diplomática) que depende del ministro y se ocupa de todas las áreas, e incluso las relacionadas con la UE están cubiertas por el Gabinete de Prensa de la SEAEU que trabaja de forma subordinada a la OID.

Es decir, son dos ministerios que, desde un punto de vista infromativo, disponen de un buen “arsenal” logístico para hacer frente cualquier imprevisto. Entonces, se puede saber porqué los dos ministerios entraron en ese “enfrentamiento”. Menos mal, que no ha trascendido demasiado, pero para los que trabajamos en los gabinetes de comunicación institucionales, este tipo de situaciones, cuanto menos, nos provocan risas contenidas.

21 nov. 2005

Un colectivo a extinguir

Recojo para este blog, y por el valor laboral que tiene, la reunión que tuvieron representantes de ATSUME y de TITULADE, dos organizaciones con las que ANPAP tiene firmado acuerdos de colaboración, con la subdirectora general de Relaciones Laborales del MAP, quien ha expresa la postura de la Administración en la negociación del convenio único de la AGE.

Estimados/as compañeros/as el pasado día 4, representantes de la Junta Directiva de ATSUME (Asociación de Titulados Laborales SUperiores y MEdios de la Administración General del Estado) y de TITULADE (Titulados de Defensa) mantuvimos una reunión con Dña. Cristina Pérez Prats, Subdirectora General de Relaciones Laborales del Ministerio de Administraciones Públicas. Como titulares podríamos destacar que la entrevista fue positiva debido al, en algunos momentos intenso, intercambio de diferentes puntos de vista.
A modo de conclusiones habría que destacar cuatro aspectos fundamentales:

1º Que la Subdirectora General de Relaciones Laborales, como negociadora principal en representación de la Administración, no nos adelantó nada sobre las negociaciones mantenidas con los Sindicatos;
2º Que el Ministerio de Administraciones Públicas nos considera un colectivo a extinguir, por las propias funciones que realizamos;
3º Que las propuestas de mejoras laborales para cualquier colectivo, incluido el nuestro, sean salariales, de promoción, o cualquier otra reivindicación, tienen que ser puestas sobre la mesa negociadora por la PARTE SINDICAL ;
4ª, que la única vía para solucionar el posible paso a personal funcionario radicaba en la promoción horizontal de los grupos 1 y 2.

Desde esta página queremos expresar que no pretendemos que nuestro Colectivo, de más de 7.000 titulados superiores y medios, sea una especie protegida en vías de extinción, pero lo que sí esperamos y reivindicamos es que nuestros puestos de trabajo tengan unas condiciones salariales y laborales dignas, acordes con nuestra cualificación y responsabilidad, que nos permitan abandonar la precaria y lamentable situación en que nos encontramos. Por estas circunstancias, estamos expectantes sobre las reuniones que se produzcan entre la Administración y Sindicatos en relación con la negociación del Convenio de la AGE y, de manera fundamental, sobre las propuestas que presentarán los negociadores sindicales que afecten a nuestro colectivo.

ATSUME, TITULADE (Asociación de Titulados de Defensa) y ANPAP (Asociación Nacional de Periodistas de la Administración Pública) realizarán las acciones de protesta oportunas ante los Sindicatos y ante las Administración Publica, utilizando todos los mecanismos legales a nuestro alcance, para que nuestras reivindicaciones sean materializadas. Y como aperitivo, los Titulados Superiores y Medios del Ministerio de Defensa comenzarán la próxima semana a realizar paros, de 10 minutos de duración, en sus puestos de trabajo con la intención manifiesta de ser escuchados.
08 Nov 2005

20 nov. 2005

En comunicación, los socialistas no han aprendido la lección

Leo en EL PAÍS impreso del domingo que “en el PSOE detectan cierto déficit de presencia ministerial mientras los ministros se quejan de la excesiva intromisión del partido en su actividad. Así, el plan de la vivienda y el pacto presupuestario con los socios fueron anunciados desde la sede del PSOE; la cena con los presidentes autonómicos del PSOE, lo mismo; o la introducción de enmiendas a los presupuestos desde el Grupo Socialista sin consentimiento del ministro de Economía”.

El párrafo ya de por sí lleva su carga de profundidad, cuando señala que “los ministros se quejan de la excesiva intromisión del partido en su actividad”. Y no me queda más que preguntar ¿Pero es que los socialistas no han aprendido la lección que dio el PP cuando gobernaba en lo referente a la comunicación partidista, entregada y devota a elevar parabienes del Gobierno y el partido?.

La intervención de los partidos políticos en las labores de Gobierno no suele dar buenos resultados. Conviene que los ciudadanos reciban dos informaciones diferenciadas claramente: la política (parlamento, senado, mítines, etc.) y la puramente gubernamental.

Soy consciente, también, que alcanzar ese estadio es algo difícil, pero hace 30 años, cuando Franco murió, nadie daba un duro por la monarquía parlamentaria de Juan Carlos I. Que la Administración Pública se ponga las pilas y comience a edificar la Comunicación Institucional.

19 nov. 2005

Los ministros deben explicar más y mejor su gestión, según José Blanco

José Blanco,scretario de organización del PSOE
Leo en una entradilla “los ministros tienen que explicar más y mejor su gestión y descargar al presidente de esta función”, señaló ayer a EL PAIS el secretario de organización del PSOE, José Blanco. Este anuncia una reflexión del PSOE sobre “el modo de mejorar la comunicación”, que analizará su Ejecutiva Federal el lunes".

Vaya, parece que ahora surgen dudas en el PSOE sobre qué está pasando con la famosa relación informativa emisor-receptor del Gobierno. Desde este blog llevamos algunos días comentando que algo está fallando en la transmisión de la comunicación gubernamental.

José Blanco lo ha dicho, sencillamente, porque la encuesta del CIS les pone con un pie fuera del Gobierno, y, claro, eso para un secretario de organización del partido pues no canta bien.

Pero, señor Blanco, algo de culpa también tiene usted. La actividad comunicativa de un Gobierno es, como bien dice usted, explicar mejor su gestión, pero a la misma vez, su partido debe cubrir esa otra parcela, la política, la que se debate cada semana en el Parlamento.

Una vez más comprobamos que la comunicación institucional no existe en la Administración General del Estado, que no consigue explicar con claridad al ciudadano la gestión realizada o a realizar, que, sin necesidad de llegar la propaganda grandilocuente, es preciso que se establezcan las reglas necesarias para que esa comunicación institucional disponga de los cauces, los medios profesionales y la existencia de unidades administrativas capaces de canalizar esa transmisión.

La realidad a veces es tozuda. Los socialistas (sus gobernantes, mejor dicho), no han aprendido nada del desastre comunicacional que llevaron a cabo los populares. Una comunicación institucional profesionalizada, organizada, libre de ataduras, será más eficaz que una sola cabeza pensante que mira más porque su ministro no sufra los envites periodísticos, que por concretar la gestión del organismo público para el que está trabajando.

17 nov. 2005

No sólo RTVE es el único medio público de comunicación: los gabinetes de prensa también existen

imagen televisiva de los desayunos de TVE
Veo en la mañana del jueves 17 de noviembre en los Desayunos de RTVE la intervención del Secretario de Estado de Comunicación Fernando Moraleja y no me queda más remedio que poner cara de sorpresa (?) al comprobar que toda la entrevista (o gran parte de ella) ha girado en torno a RTVE, su problemática, su situación, etc, como referente de medio público de comunicación.

¿Pero es que no hay más medios públicos de comunicación en España?. Quiero recordar que ahí están las revistas “Carta de España”, “Hoja del Mar” por citar sólo un par de ellas, y también los gabinetes de prensa, que, lo quieran o no, es un medio público de comunicación.

No es necesario recordar la importancia que tiene la información y la comunicación en las sociedades democráticas avanzadas, como la española. Prácticamente todas las grandes organizaciones (empresas o instituciones), que operan en el ámbito del derecho privado disponen en sus estructuras y organigramas de unidades específicas dedicadas exclusivamente a atender sus necesidades de comunicación, tanto internas como externas. Estas unidades aparecen siempre vinculadas jerárquicamente al máximo órgano ejecutivo de la organización y suelen recibir el nombre de "Dirección de Comunicación".

En el ámbito de la Administración Pública, tampoco es necesario recordar la importancia extraordinaria que para sus máximos responsables (el Gobierno y los titulares de los diferentes departamentos ministeriales) tiene la información de actualidad y la comunicación, tanto interna, entre los distintos departamentos, organismos o unidades, como externa, con los ciudadanos y la sociedad.

La actividad de la comunicación tiene en este ámbito un componente particular: el interés político objetivo, derivado de la necesidad de información y de comunicación de los máximos responsables de la Administración, los altos cargos políticos y administrativos, para dar a conocer a la sociedad su actuación y sus decisiones.

Para satisfacer de una manera eficaz y positiva esa necesidad objetiva, la comunicación institucional debe reunir dos requisitos básicos:
• La profesionalización de la actividad, como garantía de competencia en la gestión comunicativa.
• La existencia formal de unidades administrativas específicas, con su ordenación y los recursos humanos necesarios, como garantía de continuidad en la gestión comunicativa (porque sepan que, aunque parezca extraño, los distintos departamentos ministeriales no tienen estas unidades administrativas para la gestión de la comunicación institucional).

Por tanto, ese interés político objetivo de los máximos responsables de la Administración otorga al trabajo de los profesionales de la información un carácter necesario e imprescindible para la definición de las políticas informativas y para su ejecución en una doble vertiente: en la de difusión de información a través de los medios de comunicación y en la de recogida y análisis de las informaciones y de la opinión pública.

En fin, todos sabemos que RTVE es muy grande, influye mucho y es necesario dedicarle más tiempo, pero no hay que olvidar que hay otros medios de comunicación tan públicos como la “caja tonta”.

16 nov. 2005

¿Podrá Fernando Moraleda profesionalizar la comunicación institucional?

pagina web del ministerio de la PesidenciaNo crean que me hace mucha gracia este artículo, pero siento la necesidad de redactarlo y de un modo serio. El referente es el actual Secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda Quílez.

Las funciones que tiene encomendadas el señor Moraleda están plasmadas en el Artículo 3 del Real Decreto 1418/2004, de 11 de junio, BOE de 12 de junio, por el que se modifica la estructura orgánica del Ministerio de la Presidencia. En ella se desglosa las funciones que competen al secretario de Estado de Comunicación.
Corresponde al Secretario de Estado de Comunicación, bajo la superior dirección del Ministro de la Presidencia, el ejercicio de las siguientes funciones:
a) La coordinación de la política informativa del Gobierno, así como la elaboración de los criterios para su determinación.
b) La elaboración y difusión de los comunicados del Gobierno y de su Presidente y la reseña de las actividades del Consejo de Ministros.
c) La dirección de los servicios informativos de la Administración General del Estado en España y en el extranjero.
d) Las relaciones con los medios informativos.
e) La organización de la cobertura informativa de la actividad gubernamental.
f) La asistencia a las actividades y comparecencias públicas del Presidente del Gobierno.

Unas funciones que le convierten en el hombre clave para que la comunicación institucional del Gobierno llegue al ciudadano con la mayor claridad y precisión posibles. Por sus manos pasa la coordinación de la política informativa del Gobierno y la elaboración de los criterios, la dirección de los servicios informativos de la Administración General del Estado y organizar la cobertura informativa del Gobierno.

Todos sabemos que los puestos de confianza en la Administración Pública deben ser cubiertos por personas que gozen de ese privilegio: confianza. No hay nada que objetar a la elección de Fernando Moraleda como Secretario de Estado de Comunicación, sus méritos habrán sido valorados para obtener el puesto.

Ese no es el debate, la cuestión es la famosa profesionalización de la comunicación institucional. Cada vez más se observa a una sociedad que avanza constantemente, que dispone de numerosos medios para poder obtener información. También es cierto que la diversidad de canales informativos puede llevar a la desinformación más absoluta.

El Gobierno, cuanto menos, debe garantizar el derecho de los ciudadanos a recibir información de la Administración Pública y la mejor manera de cumplir reste principio es gestionando la comunicación institucional como servicio público de calidad, con la profesionalización específica de los trabajadores de los gabinetes de prensa de la Administración Pública.

Fernando Moraleja está en el puesto referente de la comunicación institucional. Su trabajo está marcado por unas finas líneas de servicio público, transparencia y poder de transmisión. Para poder llevarlo a cabo con las suficientes garantías debe tener a su alrededor un grupo de profesionales que sepan en todo momento cuál es la misión a realizar.

Pero no sólo en la portavocía del Gobierno, sino en el resto de los ministerios, con el fin de alcanzar una comunicación institucional fluida, equilibrada y sin cortes en la transmisión. La independencia de los ministerios a veces resulta muy chocante, pero mucho más en el plano informativo: no puede entenderse que un ministro/a salga anunciando un proyecto novedoso y en el mismo plano otro ministro/a haga lo mismo, y si se une al grupo otro ministro/a que hace un tipo de declaraciones salida de tono, el caos informativo está servido, y con ello un Gobierno que tiene que ir tapando agujeros.

15 nov. 2005

Salvador Martín Arancibia, mejor Dircom de la Administración

Leo en el diario digital PRNoticias que, según una encuesta de los lectores de su diario que el actual Director de Comunicación del Ministerio de Vivienda, Salvador Martín Arancibia, es el mejor de los dieciséis dircoms de la administración Pública Española.

Lo mejor es que os veais la noticia completa, resulta bastante curiosa: enlace a noticia . De todos ellos iremos hablando en los próximos días, en especial sobre Fernando Moraleda, el último en llegar a la Secretaría de Estado de Comunicación (¿periodista?).

Os dejo también para que veais los resultados de la encuesta:

encuesta publicada en el diario digital PRNoticias el 27/10/05

link noticia

14 nov. 2005

La ley de Educación, el Estatut... ¿por qué no llega a la sociedad el mensaje del Gobierno?

Manifestación en Madrid contra la LOE De nuevo nos encontramos con unos hechos que reflejan la capacidad de comunicación de los ciudadanos. El Gobierno se encuentra, en estos momentos, con algunos “frentes informativos” abiertos que no consigue frenar.

Si miramos de una forma genérica a los dos acontecimientos políticos que están más en la onda veremos con más claridad lo señalado. La Ley de Educación y el mensaje que está llegando a la gente: los socialistas se quieren cargar la educación, el sistema educativo va a hacer analfabetos a nuestros hijos, los padres van a tener que llevar a sus hijos a unos colegios concretos lo quieran o no, nuestros hijos serán, casi, los futuros fundamentalistas del anticatolicismo... y, ¿cuál es la realidad?... pues sencilla, la Ley está en una fase de alcanzar los acuerdos necesarios para que pueda ser lo más aceptable y beneficiosa posible en cualquier ámbito de la sociedad.

De poco sirve que la ministra de Cultura vaya de un programa a otro de la televisión o la radio, que conceda entrevistas, que convoque ruedas de prensa... Al final, en la sociedad circula el desencuentro.

Lo mismo pasa con el famoso Estatut de Cataluña, y ese mensaje de que los catalanes se quieren independizar; de que se rompe la unidad de España; que la Constitución será suprimida y con ella la aparición, casi, de un régimen castrista; que los españoles se encuentran en una situación crítica de identidad nacional... y, de nuevo surge la pregunta, pero ¿cuál es la realidad?... y aquí, en este caso concreto, se observa con más nitidez: el Estatut de Cataluña se encuentra en fase de negociación, está paralizado en el Parlamento, máximo órgano de representación del pueblo español.

Y mientras, el pobre ministro de Administraciones Públicas no consigue hacer entender a la gente que no pasa nada. El mensaje de tranquilidad nacional no ha llegado, y eso que el titular de Administraciones Públicas también ha hecho su recorrido por los distintos decorados de las televisiones y radios españolas.

¿Qué está fallando?. El mensaje no llega. Y ¿quién es el encargado de hacer llegar ese mensaje?: los gabinetes de comunicación. Aquí volvemos a contemplar la falta de una profesionalidad para transmitir a los ciudadanos el mensaje conciliador y sereno que se requiere.

¿Es que en los ministerios de Educación y Administraciones Públicas no hay buenos profesionales?¿Acaso la maquinaria burocrática paraliza cualquier posibilidad de transmisión?... no, es todo más sencillo: los famosos “Dircom”, (directores de comunicación), situados a la cabeza de los gabinetes de prensa son los encargados de establecer la estrategia de comunicación que consideran la más adecuada, y la realidad es que, créanme, se hace desde un desconocimiento total del proceso comunicativo.

Para la mayoría de los Dircoms de la Administración Pública, (los situados como cargos de responsabilidad) creen que la sola presencia del ministro en cuestión es más que suficiente para garantizar la solidez de su estrategia comunicativa... y luego, a ver cuáles son los resultados.

Y comprobamos que los resultados no pueden ser más desconcertantes. Se contempla entonces una realidad: la puesta en marcha de una Comunicación Institucional profesional y eficaz, que consiga establecer unas estrategias comunicativas precisas, de realizar unos estudios y análisis de mercado y de opinión concretos, de facilitar a los medios todos los elementos precisos y necesarios para que puedan hacer llevar a los ciudadanos la realidad de la gestión administrativa, separando así lo que es la “otra realidad”, la política, porque de ésa se tendrán que encargan los estrategas de cada partido político.

Los tiempos cambian y la sociedad también. De aquel “¿qué ha ocurrido?” nos hemos ido al “¡pásalo!” del sms móvil, de aquel “mañana veremos qué dice el periódico” al “foro” de internet en altas horas de la madrugada... La Administración tiene una deuda pendiente: modernizarse.

La situación profesional de los periodistas en los gabinetes de comunicación, una asignatura pendiente de la Administración del Estado

Los profesionales de la información, licenciado en Ciencias de la Información o asimilados, que prestan u servicio como tales en la Administración General del Estado, Organismos Autónomos dependientes de ella y publicaciones periódicas, sufren una situación profesional marcada por el desamparo y la indefinición que, en su larga prolongación ene. Tiempo se hace ya insostenible por parte de este colectivo.

Es necesaria una rápida solución de cara a un adecuado y satisfactorio reconocimiento como actividad profesional específica y singular. El carácter necesario e imprescindible de la actividad que realizan y el servicio de carácter permanente que ofrecen los profesionales de la información para la Administración y, en particular, para sus máximos responsables: facilitar la comunicación política y la comunicación institucional con la sociedad.

Una mirada hacia atrás en el tiempo, sobre el origen y la evolución de la Administración democrática tras la aprobación de la Constitución, conduce a pensar que el reconocimiento de la comunicación institucional, la eficacia del derecho constitucional de todo ciudadano a recibir una información veraz y objetiva, (siendo los organismos públicos, añado, los más involucrados), así como el reconocimiento de la labor de lo profesionales que trabajan en los gabinetes de comunicación del Estado, es aún, hoy, la gran asignatura pendiente de la Administración General.

El gobierno de Rodríguez Zapatero debería tener en cuenta esta circunstancia histórica y poner manos a la obra para que el camino de las libertades públicas se vea más accesible por el ciudadano.

12 nov. 2005

Comunicado de la Asociación Nacional de Periodistas de la Administración Pública (ANPAP)

La Asociación Nacional de Periodistas de la Administración Pública, (ANPAP! representa a más de trescientos miembros, licenciados en Ciencias de la Información y periodistas titulados, pertenecientes a los distintos gabinetes de prensa, oficinas de información y departamentos de comunicación de la Administración General del Estado.
Al ser nuestro ámbito de actuación estatal, nuestra Asociación está abierta a la incorporación de los más de 2000 profesionales que traba­jan como periodistas en las distintas administraciones públicas.
Desde la constitución de nuestra Asociación se ha llevado a cabo un estudio sobre nuestra situación profesional y hemos detectado que nuestra actividad sufre un proceso crónico y progresivo de degradación que está llegando a límites inadmisibles, derivado de los siguientes problemas que denunciamos.

INDEFINICIÓN ADMINISTRATIVA, PROFESIONAL Y LABORAL
- En los veinte años de administración democrática los sucesivos res­ponsables políticos no han definido el marco profesional, administrativo y laboral adecuado para el desarrollo de unas funciones de información que garanticen y faciliten la comunicación de la Administración con sus ciudadanos.
- No existe un modo orgánico y regulado de acceso a los departamen­tos de prensa y muchas veces no se exige la titulación pertinente, lo que provoca un creciente intrusismo profesional. Además, contravinien­do la legislación, no se han establecido catálogos o relaciones de los puestos de trabajo adscritos a cada gabinete de comunicación.
- La Administración no reconoce especificidad técnica y profesional de nuestro trabajo y por tanto no describe claramente funciones, contení-dos, responsabilidades, categorías profesionales y retribuciones.
- Los cometidos profesionales no guardan relación con el nivel laboral o funcionar/al de los miembros de la plantilla, sino que se configuran de un modo circunstancial y elástico en función de las necesidades del servicio o de los intereses coyunturales de las políticas de personal.
- Observamos que se acentúa la tendencia a que las labores de superior responsabilidad y retribución sean acaparadas por personal eventual de confianza o por asesores de comunicación contratados.
- Los departamentos de comunicación en la Administración General del Estado se han convertido en un cajón de sastre. En ellos se mezclan desordenadamente periodistas titulados (funcionarios, laborales o even­tuales), ingresados por oposición, traslado o nombramiento digital, con otra clase de técnicos de la información y con personal no relacionado con la misma.
- Como es lógico, entre los trabajadores impera la desmotivación y la exasperación creciente. Simultáneamente, las estructuras de comunica­ción han ido perdiendo funcionalidad, los métodos de trabajo han que­dado anticuados y en muchas unidades informativas se carece hasta de los medios técnicos e instrumentos laborales indispensables.
- Consecuentemente, se mantiene una anacrónica desconfianza hacia el papel y la figura misma de los periodistas a quienes tiende a conside­rarse como "el enemigo en casa" o a los que, a veces, en el colmo del cinismo, se adjudica la responsabilidad de las insuficiencias funcionales de los departamentos de prensa provocadas, como es evidente, por las cúpulas administrativas.
- Este estado de cosas revela la resistencia de los poderes políticos y administrativos a traducir a hechos reales y administrativos el mandato constitucional que ampara el carácter de servicio público de la comuni­cación institucional.
- Esta situación ha permitido perpetuar una visión patrimonial, politizada y desconfiada de la información suministrada a los ciudadanos, que se traduce en una marcada tendencia a restringir, controlar y filtrar la difusión de las actividades administrativas; auspicia el amiguismo, la promoción de personas de confianza y el clientelismo

OBJETIVOS
Nuestras reivindicaciones pasan necesariamente por el reconocimiento de las tareas informativas en el seno de la Administración, como activi­dades profesionales, específicas y singulares, para lo que pedimos la creación de un Cuerpo o Escala de Comunicación Institucional, al igual que se ha hecho recientemente con el Cuerpo de informáticos, restau­radores o traductores.
Este Cuerpo o Escala profesional permitiría establecer una única forma de vinculación administrativa del personal dedicado a las tareas infor­mativas, catalogar los puestos de trabajo en los gabinetes y las catego­rías profesionales y titulaciones académicas (licenciados en Ciencias de la Información en las ramas de Periodismo, Imagen y Publicidad y Rela­ciones Públicas, periodistas titulados, fotógrafos, técnicos audiovisua­les, etc.) definiendo cada uno de los perfiles, responsabilidades, retribu­ciones y sistemas de promoción.
De esta manera se reglamentarían las vías de acceso a /os departamen­tos de prensa y comunicación, mediante las correspondientes oposicio­nes o concursos, así como el escrupuloso respecto a la titulación aca­démica que en cada caso corresponda.
Esta solución sería beneficiosa para la propia Administración, los me­dios de comunicación y la sociedad. Así mismo, se establecería una nueva vía laboral para los jóvenes profesionales.

CONCLUSIONES
La comunicación institucional ha experimentado en esta última década en España, y en toda Europa desde hace años, un gran auge e interés por parte de los profesionales de la comunicación. La adecuada difusión y su correcto uso profesional hará de la comunicación institucional la correa de transmisión de una verdadera integración social, la democrati­zación cultural y la legitimación de los poderes públicos en las socieda­des contemporáneas del siglo XXI.
Por todo ello, contamos con el apoyo de numerosas autoridades acadé­micas (Universidades) y Asociaciones de la Prensa de toda España para superar una de las asignaturas pendientes de una Administración demo­crática y moderna. Ahora es el momento de lograrlo.
Apostamos por una comunicación institucional libre y de calidad, acor­de a las exigencias de nuestro tiempo, que sea modelo de transparencia informativa y con los máximos niveles de profesional/dad, que contribu­yan a mejorar los cauces informativos entre la Administración, los medios de comunicación y el ciudadano.

10 nov. 2005

Cómo funcionan los gabinetes de prensa de la Administración del Estado

Me preguntaban el otro día un compañero de profesión que cuál era en realidad la función de los gabinetes de prensa de la Administración del Estado, y la verdad es que tuve que contestarle que era muy sencilla: su trabajo se basa en ser el núcleo a través del cual se establece una comunicación interna y externa. La interna es facilitar al organismo público una síntesis de la información que circula en el ámbito público (prensa, radio, televisión, Internet, etc.), y la externa es poner en conocimiento de los medios de comunicación la gestión, datos, informes, proyectos que lleva a cabo la Administración, todo ello con un lenguaje sencillo, conciso, breve y directo.
Con estos ingredientes se cocina diariamente el trabajo del gabinete de prensa. Se dirá que es bastante cómodo, pero si tenemos en cuenta que los profesionales que desempeñan su labor en los gabinetes de prensa tienen que hacer dos trabajos, creo que merecen un respeto y un reconocimiento. Cualquier periodista de un medio de comunicación sólo se tiene que encargar de elaborar la comunicación externa, la que le llegará al ciudadano, y muchas veces esa información está ya preelaborada: los famosos comunicados de prensa, los teletipos, las declaraciones, etc., es sólo cuestión de unirlos y darles un sentido claro para que el ciudadano lo entienda.
Así pues, no hay una gran diferencia, incluso diría yo que ambas se mueven en el mismo círculo: el de la dependencia. ¿Los gabinetes de prensa y los medios de comunicación son independientes?. No. Y lo digo bien alto. Tanto uno como otro acaba siendo filtrados, en los medios de comunicación por lo que se conoce como línea editorial, y en los gabinetes de prensa por el conocido tamiz que representa el Director de Comunicación, o línea política que en esos momentos se esté gobernando.
No hay indenpendencia, aunque el trabajo que llevan a cabo los profesionales de los gabinetes de comunicación es lo más aséptico que se puede ser. Un profesional de los gabinetes de comunicación tiene a su disposición los fríos datos estadísticos, los textos con sus tecnicismos burocráticos, las enrevesadas directivas y con ellos elabora una nota de prensa sin más condicionantes que el hacerlos comprensibles para el ciudadano. Luego, esa nota, tendrá que pasar el tamiz del DirCom correspondiente, que empleará su boli rojo para ir añadiendo, quitando o recomponiendo lo que considera que debe seguir la línea política marcada. Igual que un redactor de un medio de comunicación debe pasar el filtro de la línea editorial del medio para el que trabajo.
En este singular mundo "independiente" nos movemos todos.

8 nov. 2005

La Comunicación Institucional y el “todo a cien”

La Administración del Estado necesita comunicarse con sus ciudadanos, y a la vez los ciudadanos desean ser informados de las gestiones que lleva a cabo la administración pública.

Con este principio, la Administración del Estado está obligada a comunicarse con los ciudadanos, de hacerles llegar el trabajo que está realizando. En apariencia no resulta complicado, la Administración dispone de medios para poder hacer ese cometido (publicaciones, folletos divulgativos, publicidad), las intervenciones en el Parlamento y el Senado, las ruedas de prensa, las declaraciones ante los medios de comunicación. Con todo este arsenal de canales para hacer llegar al ciudadano su trabajo, ¿porqué siempre da la sensación de que la ciudadanía no ha captado nada de lo que ha transmitido el Estado?. Algo falla entre el emisor (Administración) y el receptor (la ciudadanía).

Ese algo podríamos situarlo claramente en la COMUNICACIÓN INSTITUCIONAL, el vehículo moderno por el cual la Administración del Estado puede canalizar esa información y conseguir, cuanto menos, que la ciudadanía entienda el mensaje lanzado. Pero, como todo en esta nuestra España, eso de modernidad parece una palabra maldita. Lo nuevo, lo avanzado es para el Estado una especie de mosntruo al que no puede dominar y espera que sean otros los que domestiquen a esa fiera (¿cuánto ha tardado la Administración en poner en marcha Internet para todos?). El Estado prefiere seguir con los viejos métodos, esos del panfleto repartido en las oficinas administrativas, en catálogos por correo que casi siempre se confunden con el folleto de Telepizza y en la suave, tierna e incomprensible publicidad distribuida por radio, televisión y prensa.

Y en esas estamos. La Administración aún no se ha dado cuenta que está inmersa en el siglo XXI, que hoy en día el ciudadano tiene muchos canales para estar informado, o desinformado, pero al menos es activo en la búsqueda de información. Ahí está Internet, un medio de comunicación que para la Administración General del Estado parece que sólo representa una manera de entretenimiento. Y no, señores. Internet es un hecho incuestionable que tiene capacidad de ser emisor-receptor en una sola página.

La Comunicación Institucional debe estar a esos niveles de modernidad, debe quitarse los encorsetados mecanismos administrativos para poder ser más ágil, eficaz y convincente.

Hace gracia que muchos políticos cuando están en la oposición te dicen que llevas razón, que el Estado debe disponer de una comunicación institucional seria, capacitada, profesional y eficaz en la transmisión de la información que genera una institución pública. Pero, esos políticos que estuvieron en la oposición, una vez que toman las riendas del poder se olvidan de esa disposición tan avanzada y se refugian en la anquilosada maquinaria de la comunicación del Estado. Estos nuevos políticos comprueban que los gabinetes de prensa (de los que hablaremos en otra ocasión) son un buen refugio para aquellas personas conocidas a las que se desean dar una buena colocación, un cierto poder y una capacidad de maniobra. Y lo que debía ser el centro neurálgico de la comunicación institucional de una Administración se convierte en un “todo a cien”, donde lo único que interesa y se busca con intensidad es “vender” las grandezas de su ministro, o mejor dicho, del benefactor que tuvo a bien colocarle en esa estratégica situación.

Los llamados, de forma rimbombante, Directores de Comunicación (DirCom), o Jefes de Prensa, llegan a los austeros gabinetes de prensa de la Administración y sin tener en cuenta lo que hay, comienzan a llevar a cabo un trabajo de especulación, de ventas al mejor postor, de transmisiones adelantadas a los que antes se ofrezcan, sin tener en cuenta que en la famosa austeridad del gabinete trabajan una serie de profesionales que estarán ahí durante su mandato y después de su mandato.

Y mientras, como siempre, los perjudicados son los ciudadanos, aunque ahora, ellos mismos se están dando cuenta de que hacer caso a la Administración es tragarse una mentira, y de ese modo giran la cabeza para leer en el periódico, ver en la televisión u oír en la radio lo que les interesa. Un ejemplo claro de esto último es cuando llega el mes de enero y las pensiones se revalorizan. La maquinaria informativa del Estado se pone en marcha para informar que los pensionistas van a ver aumentada su pensión. Pues bien, el no tan inocente jubilado le da la espalda a ese mensaje y decide que se enterará mejor por el periódico. Y así nos va.